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Ejercicio, ansiedad y depresión. ¿Cómo nos puede ayudar?

Actualizado: 27 feb



Los problemas de salud mental son una de las principales preocupaciones de la actualidad, especialmente en los últimos años. Los trastornos de ansiedad y depresión son los problemas más comunes en la salud mental y suelen ser producto de eventos traumáticos o enfermedades que condicionan la vida de las personas. Afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo, sin distinción de edad, condición social o situación económica del país, provocando una gran angustia mental y afectando además la capacidad para realizar tareas cotidianas, generando efectos negativos sobre las relaciones sociales (OMS, 2017).


A pesar de que la administración de medicamentos especializados sigue siendo uno de las principales herramientas para tratar dichos trastornos, no es la única, y en los últimos años se han realizado decenas de estudios centrados en los beneficios de los hábitos de vida saludables, especialmente del ejercicio físico.


El ejercicio físico se ha consolidado como una herramienta poderosa y natural para aliviar los síntomas de la depresión, siendo un excelente tratamiento complementario a los tratamientos más utilizados como la medicación y la psicoterapia, con muchos menos efectos secundarios que el primero y con grandes beneficios tanto a nivel psicológico como neurofisiológico.


Algunos de los beneficios más conocidos del ejercicio físico para la depresión son:


  • Favorece las relaciones sociales, especialmente en actividades deportivas en grupo.


  • Posibilita una mayor autoconfianza, al tener unas metas o desafíos que conseguir, lo que a su vez puede ayudar a mejorar el autoconcepto y la autoestima.


  • Disminuye el estrés al reducir la producción de cortisol.


  • Estimula la liberación de endorfinas, neurotransmisores conocidos como las "hormonas de la felicidad”, y otras sustancias químicas relacionadas con el bienestar emocional.


  • Ayuda a regular los ritmos circadianos alterados por los síntomas depresivos, contribuyendo a mejorar la calidad del sueño.


  • Mejora diversas funciones cognitivas como la memoria, la concentración y la claridad mental.


Ejercicios de fuerza y ejercicios aeróbicos como correr, caminar o salir con la bicicleta pueden mejorar el estado de ánimo, aumentar la producción de endorfinas, mejorar la autoestima y reducir el estrés, especialmente cuando son realizados con otras personas. Otros tipos de ejercicio como el Yoga y el Tai Chi son especialmente eficaces para reducir la ansiedad, al combinar el ejercicio con técnicas de respiración. Adicionalmente, diversos estudios han evidenciado que practicar ejercicio al aire libre potencia todos los efectos anteriormente mencionados, especialmente en espacios verdes y naturales.


Por lo tanto, tanto si es algo que sufres en tu día a día o conoces a alguien que le ocurre, es importante tener en cuenta que es mejor empezar poco a poco, estableciendo metas pequeñas, eligiendo las actividades que más se disfruten y sabiendo también descansar cuando sea necesario. Lo más recomendable para comenzar es recurrir a un profesional del ejercicio, especialmente al principio, cuando es necesario adaptarse a una rutina específica.


En conclusión, el ejercicio físico es una poderosa herramienta contra los síntomas depresivos, especialmente cuando se concibe como un complemento a los tratamientos antidepresivos tradicionales, mejorando la autoestima, potenciando las relaciones sociales sanas y transformando el bienestar mental y emocional.

 
 
 

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